En consulta escucho, con frecuencia, la misma frase: “nos queremos, pero nos hemos ido distanciando”. No suele haber un único culpable ni un solo conflicto detrás. Lo que erosiona a una pareja casi siempre es más sutil: la acumulación de días en los que no hay tiempo, ni espacio, ni gesto para el otro.
Una de las ideas que más repito a las parejas que acompaño es esta: la conexión no es solo un sentimiento que aparece o desaparece por sí solo. Es también algo que se construye, con acciones concretas y sostenidas en el tiempo. Los vínculos no cambian por una conversación perfecta ni por una gran declaración; cambian por pequeños momentos que se repiten.
Por eso, en terapia de pareja trabajamos con ejercicios breves, fáciles de recordar y de aplicar en la vida cotidiana. No sustituyen un proceso terapéutico cuando este es necesario, pero sí son una herramienta valiosa para el día a día. Aquí comparto siete de ellos.
1# El beso de seis segundos
La mayoría de los besos que nos damos en el día a día duran menos de un segundo: un gesto casi automático al salir o al llegar a casa. Este ejercicio propone algo distinto: sostener el beso durante seis segundos.
Es un cambio pequeño en apariencia, pero exige presencia. Obliga a detenerse, a mirar al otro y a salir, aunque sea por unos instantes, del piloto automático en el que solemos vivir las rutinas de pareja.
2# Quince minutos de conversación
Se trata de reservar quince minutos, sin interrupciones, para hablar de todo aquello que normalmente queda fuera de las conversaciones cotidianas. La única condición es no hablar de trabajo, hijos, dinero ni logística doméstica.
En su lugar, la conversación se centra en ideas, sueños, proyectos o curiosidades: aquello que nos define como personas más allá de las tareas compartidas. Muchas parejas descubren, al hacer este ejercicio, cuánto tiempo llevaban sin conversar realmente sobre estos temas.
3# La pregunta semanal
Cada semana, cada miembro de la pareja responde a dos preguntas: ¿qué te hizo sentirte cerca de mí? Y, después, ¿qué te hizo sentirte lejos?
Es un ejercicio de retroalimentación afectiva. No busca abrir un debate ni justificar comportamientos, sino poner en palabras lo que habitualmente permanece implícito: qué gestos acercan y cuáles distancian. Con el tiempo, esta pregunta ayuda a identificar patrones que conviene cuidar o corregir.
4# Sesenta segundos de mirada
Sin móviles, sin hablar: solo mirarse durante un minuto. Parece sencillo, pero en la práctica suele resultar más difícil de lo que parece.
Sostener la mirada sin la mediación de la palabra o de una pantalla pone en evidencia lo poco acostumbrados que estamos a un contacto tan directo. Es, precisamente por eso, un ejercicio útil: entrena una forma de presencia que en el día a día casi nunca practicamos.
5# Tres agradecimientos
Cada persona menciona tres cosas que ha valorado de la otra durante la semana, por pequeñas que parezcan: un detalle, una ayuda, una palabra amable.
Este ejercicio combate un fenómeno muy habitual en las parejas de larga duración: dar por hecho lo que el otro aporta. Nombrar en voz alta lo que se agradece refuerza el vínculo y hace visible un cuidado que, de otro modo, pasa desapercibido.
6# La cita de la novedad
Cada miembro de la pareja propone, por turnos, una actividad nueva para hacer juntos. No tiene que ser sexual ni grandiosa: basta con que sea distinta a lo habitual.
La rutina, aunque necesaria, tiende a adormecer la relación. Introducir novedad, aunque sea modesta, reactiva la curiosidad hacia el otro y rompe la sensación de repetición que muchas parejas describen con el paso de los años.
7# El intercambio
Este ejercicio consiste en completar tres frases, de forma honesta y sin juzgar la respuesta del otro:
Últimamente me entusiasma…
Últimamente me preocupa…
Últimamente necesito…
Es una forma sencilla y directa de compartir el estado emocional interno, sin necesidad de una conversación larga o compleja. Al repetirlo con cierta frecuencia, ayuda a que ambos miembros de la pareja se mantengan al tanto de cómo está el otro, más allá de lo evidente.
Una conexión que se construye, no que simplemente ocurre
Muchas parejas creen que la conexión es, sobre todo, un sentimiento: algo que se tiene o no se tiene. En terapia trabajamos desde otra premisa, complementaria a esa: la conexión también es algo que se hace, no solo algo que se siente.
Ninguno de estos ejercicios exige mucho tiempo. Lo que exigen es constancia. Los vínculos no cambian por una conversación perfecta, sino por pequeños momentos que se repiten a lo largo del tiempo.
Por eso, antes de cerrar, dejo la misma pregunta que suelo hacer en consulta: de estos siete ejercicios, ¿cuál estás dispuesta o dispuesto a poner en práctica esta semana?
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