Llevo quince años escribiendo sobre relaciones. He entrevistado a terapeutas de pareja, sexólogos, personas recién enamoradas y corazones rotos. He analizado tendencias, estudiado estadísticas y debatido sobre amor en incontables mesas redondas. Y, sin embargo, cuando me pregunto qué haría si volviera a estar soltera y empezara de nuevo en el mundo de las citas, mi respuesta no tiene nada que ver con estrategias o técnicas.
Haría todo diferente. O, mejor dicho, lo haría todo más auténtico.
Dejaría de fingir que no tengo hambre
Literal y metafóricamente. Basta de ensaladas cuando quiero pasta. Basta de aparentar indiferencia cuando algo me importa. La primera versión de mí que conocerías sería la real: la que tiene opiniones fuertes sobre películas malas, la que se ríe demasiado alto, la que necesita silencio por las mañanas y conversación por las noches.
He visto demasiadas relaciones fracasar porque empezaron con una mentira gentil. No una mentira maliciosa, sino esa versión pulida de nosotras mismas que sacamos en las primeras citas. El problema es que eventualmente esa persona perfecta se cansa de mantener la fachada.
Preguntaría las cosas incómodas antes
¿Quieres hijos? ¿Qué papel juega la familia en tu vida? ¿Cómo manejas el conflicto? ¿Qué significa para ti la monogamia? Antes perdía meses, a veces años, evitando estas conversaciones por miedo a «espantar» a alguien. Ahora sé que, si estas preguntas asustan a alguien, es exactamente la información que necesito.
No se trata de convertir la primera cita en un interrogatorio, pero tampoco de esperar seis meses para descubrir que tienen visiones completamente incompatibles de la vida.
Confiaría más en mi incomodidad
Cada relación problemática que he tenido tuvo señales de alerta en los primeros meses. Pequeñas incomodidades que racionalicé, justifiqué o directamente ignoré. Esa forma en que hablaba del trabajo de su ex. Cómo cambiaba cuando estaba con sus amigos. La sensación de que siempre estaba ajustándome para encajar mejor.
Si volviera a empezar, trataría mi incomodidad como datos válidos, no como inseguridades que superar. Nuestro cuerpo suele saber antes que nuestra mente.
Saldría con personas que me hicieran sentir cómoda, no validada
Durante años confundí la emoción de gustarle a alguien emocionalmente inaccesible con amor verdadero. El cosquilleo de ansiedad cuando no respondían mensajes, la euforia cuando finalmente lo hacían. Esa montaña rusa emocional se sentía intensa, y yo confundía intensidad con profundidad.
Ahora buscaría lo opuesto: alguien cuya presencia me tranquilice en lugar de alterarme. Alguien que me haga sentir más yo misma, no una versión mejorada o disminuida.
Invertiría menos tiempo en potencial y más en presente
«Tiene potencial» es la frase más cara que existe en el mundo de las citas. Me gasté años viendo no lo que era, sino lo que podría ser si cambiaba, si maduraba, si superaba sus problemas. Spoiler: nunca funcionó.
Si volviera a empezar, evaluaría a las personas por lo que son hoy, en este momento. ¿Me gusta pasar tiempo con esta persona tal como es ahora? Esa sería la única pregunta relevante.
No tendría miedo de parecer «demasiado»
Demasiado intensa, demasiado directa, demasiado ambiciosa, demasiado independiente, demasiado emocional. He escuchado todas las versiones del «demasiado» aplicadas a mujeres que simplemente eran ellas mismas. Y he visto a demasiadas amigas—y a mí misma—achicarse para caber en los límites de comodidad de otra persona.
Ahora sé que «demasiado» para la persona equivocada es «exactamente suficiente» para la correcta.
Cultivaría mi vida en paralelo
El error más grande que cometí en relaciones pasadas fue convertir a la otra persona en mi vida entera. Dejé de ver amigas, abandoné hobbies, pospuse sueños. Y cuando terminaba, me encontraba en un territorio desconocido, reconstruyendo desde cero.
Si volviera a empezar, mantendría mis martes de cena con amigas, mi clase de cerámica, mis mañanas de correr. No como defensa contra el fracaso, sino como reconocimiento de que una relación sana se suma a una vida plena, no la reemplaza.
Terminaría las cosas más rápido
He prolongado relaciones meses más allá de su fecha de caducidad natural por miedo a estar sola, por no querer lastimar a alguien, por la falsa esperanza de que las cosas mejorarían mágicamente. Todo ese tiempo invertido en una relación moribunda es tiempo que no pasé disponible para algo mejor.
Ahora sería más valiente con los finales. No cruel, pero sí clara. Y confiaría en que ambos merecemos estar con alguien que esté seguro de nosotros.
La verdad es que todo lo que aprendí sobre relaciones no vino de las entrevistas o los estudios. Vino de los errores, de las noches llorando, de las conversaciones difíciles, de las veces que me traicioné a mí misma por amor y de las veces que finalmente no lo hice.
Si volviera a tener citas, no lo haría perfectamente. Pero lo haría honestamente. Y eso, he aprendido, es lo único que realmente importa.
L’Erotheque. Prohibida la reproducción total o parcial de este reportaje y sus fotografías, aun citando su procedencia.

