Todas tenemos heridas y esto no significa que estemos rotas, sino que somos humanas. Las heridas de la infancia, ya sea debido a experiencias que no recordamos de los primeros años de vida o creencias familiares que absorbemos sin darnos cuenta, van moldeando, no sólo nuestra identidad, sino lo que asumimos es – o debe ser – el amor, y peor, cómo debemos de ser o qué tenemos que hacer para ser amadas. Estas huellas se convierten en heridas cuando permanecen inconscientes condicionando nuestras decisiones, cuando se convierten en unas gafas invisibles a través de la cual vemos las relaciones románticas y a nosotras mismas.
El mismo tipo de hombre, una y otra vez
Las heridas de la infancia en nosotras se expresan a través de elecciones de pareja que nos hacen repetir los mismos patrones dolorosos una y otra vez, que confirman esas creencias heredadas, recreando dinámicas románticas y sexuales desadaptativas y dolorosas, como si fuera un karma.
Si cuando miras tu historial romántico te das cuenta que siempre atraes al mismo tipo de hombre, son tus heridas mostrándote que debes sanar. El primer paso es ese momento de claridad, pero no basta con eso, ese es el nivel mental. El sistema nervioso y el cuerpo también almacenan información que hay que interpretar para salir de ese ciclo. Así que no es mala suerte, se trata de tu propia historia y cómo ésta se entrelaza con tu biología.
Aquí te presentamos las cinco heridas de la infancia, en clave femenina, y cómo se manifiestan, para elegir diferente y ¡al fin poder construir una relación sana!
La herida de la Dignidad
La creencia central es no soy suficiente: suficientemente atractiva, inteligente, interesante, digna de amor. También se conoce como la herida del merecimiento.
Esta herida viene de experiencias tempranas donde el amor fue condicionado, como cuando tenías que ser de cierta manera para recibir atención y afecto. Quizás tuviste padres que sólo te daban cariño cuando destacabas en algo o en tu casa te daban premios cuando te portabas bien y castigos cuando no lo hacías, o te comparaban con otros niños haciéndote sentir menos. Así creciste creyendo que ser tú misma no era suficiente, había que probar que merecías ese amor en forma de reconocimiento
¿Cómo se muestra esta herida en tus relaciones amorosas? Das de más, pones todo tu esfuerzo y energía en ganarte el amor de tu pareja. Eliges hombres que toman de ti sin ser recíprocos porque esta dinámica confirma tu creencia, te sientes cómoda con ese desequilibrio porque el balance significaría sentirte merecedora del mismo esfuerzo y relajarte sintiéndote amada.
La herida del Abandono
La creencia central detrás de la herida de abandono es si soy yo misma, se van a ir, si expreso mis deseos voy a molestar, si ocupo espacio los voy a alejar.
Esta herida viene del abandono, emocional o real, del padre, debido a la idea infantil de culparse por este hecho, esto condiciona la relación posterior con los hombres. También hay casos donde padre o madre retiran el afecto por expresar alguna opinión. Quizá aprendiste que para mantener a las personas cerca de ti debías hacerte pequeña y no incomodar. Esto te hizo interpretar que ser tú era demasiado, que tener necesidades era peligroso así que la forma más segura de existir era abandonarte a ti primero.
La forma en cómo se expresa esta esta herida es perdiéndote en tus relaciones, cuando estás soltera tienes amigas, un sentido de tu identidad, un mundo propio, pero una vez que entras en una relación tu yo desaparece, todo es acerca de él, sus gustos, sus necesidades, su agenda, te mimetizas por completo con él porque ser tú es peligroso. Si mantienes tu identidad, expresas tus necesidades y vives tu propia vida estando en pareja una parte de tí cree que te va a dejar. Con estas ideas actúas de formas que llegan a agobiarlo, y cuando termina contigo por ello se confirma tu miedo más profundo: no eres suficiente para ser amada.
La herida de la Seguridad
La creencia central de la herida de seguridad es que confiar en los demás es peligroso. Si dejo entrar a alguien a mi vida me va a decepcionar, la única persona en la que puedo confiar soy yo misma. Esta herida viene de experiencias donde confiar en otros resultó en una traición, personas en la que realmente confiaste te defraudaron, quizás uno de tus padres era muy inconsistente, no cumplía sus promesas y no estuvo cuando más lo necesitaste, así aprendiste que no podías contar con nadie más que contigo, esto te hizo construir muros para protegerte de los demás mientras lo interpretaste como algo propio de ser una mujer fuerte, valiente, independiente y libre. Debajo de esa coraza hay una niña aterrorizada que cree que necesitar ayuda de alguien es la forma más rápida de salir herida.
¿Cómo se muestra esto en tu vida romántica? No puedes recibir., cuando te ofrecen ayuda debes declinar inmediatamente, cuando alguien quiere cuidarte de alguna manera te resistes y te dices a ti misma que es porque eres independiente y no necesitas un hombre y en esta actitud subyace el temor de que algo malo pasará si dejas a alguien entrar a tu vida, así que nunca desarrollas sentimientos ni compromiso con nadie.
La herida de la seguridad también te hace atraer a hombres no disponibles emocionalmente como los casados, resulta perfecto para ti, porque al no comprometerse no tendrán el poder de herirte, aunque paradójicamente te sientas sola y hasta aislada de su vida.
La herida de la Visibilidad
La creencia central de esta herida es que si te ven de forma real te van a rechazar, por eso debes esconder partes de tu personalidad para que te acepten y me amen. Esta herida viene de experiencias tempranas de ser ridiculizada o avergonzada, también de las críticas constantes hacia ti, con frases como “eres muy sensible”, “siempre exageras”, “eres muy ruidosa”, “eres fastidiosa”, “no eres suficientemente atractiva”; cuando muestras tu verdadero yo, lo usan en tu contra; entonces haces una curaduría de ti misma, donde escondes partes de ti, donde muestras las partes que son aceptables y las demás las escondes.
Esta herida se expresa en tu vida amorosa alejando a hombres buenos, cuando alguien está disponible emocionalmente para ti y se acerca ¡te da pánico! buscas razones para no darle acceso a ti, te saboteas, buscas discusiones sin sentido, tratas de convencerte de que algo no está bien cuando en realidad tienes mucho miedo de ser vista. Puede que solo sientas química con hombres que mantienen su distancia porque esto significa que no vas a ser vista por completo, puedes mantener esta versión performativa de ti sin dejarte conocer totalmente, mostrando solo lo que quieres que él conozca, y esto hace que te sientas sola porque no eres la verdadera tú.
La herida de la visibilidad te mantiene en un caparazón dentro de la relación, físicamente presente pero emocionalmente reprimida, perdiéndote de experimentar lo que es sentirte realmente amada por quién eres. Esto también puede tener su reflejo en el sexo: te cuesta excitarte, entregarte por completo, finges los orgasmos.
La herida del Valor
La creencia central es solo soy amada si me necesitan, si no soy útil, si no estoy ayudando o arreglando algo o salvando a alguien no tengo valor, así que nadie me va a amar sólo por ser yo. Esta experiencia viene de experiencias tempranas donde fuiste la cuidadora de tus padres o hermanos o la contención emocional de algún miembro de tu familia siendo muy niña, así aprendiste que la única forma de sentir apreciada o importante era a través de este servicio. Dar amor puede confundirse rescatar, ser necesitada puede confundirse con ser amada.
Esta herida se expresa en tu vida romántica atrayendo hombres que necesitan ser salvados, hombres con problemas como adicciones, dificultades financieras, inmadurez emocional, te enamoras de su potencial, de lo que pueden llegar a ser y te conviertes en su salvadora. En el proyecto personal de cambiarlo inviertes toda tu atención y energía, te conviertes en su terapeuta, su coach (y a veces en su madre), convencida de que sólo tu amor puede lograr ese cambio. Esto raramente funciona, porque con el tiempo te cansas de dar tanto y recibir casi nada mientras ese cambio es tu fantasía.
Reconocer, aceptar e integrar para transformar
Seguramente te has reconocido a ti misma en más de una de estas heridas, porque las cinco se solapan y es normal, todas las hemos experimentado una combinación de las mismas en menor o mayor medida, Para algunas el daño ha sido tan agudo que los patrones en las relaciones parecen imposibles de superar, mientras que para otras es más sutil, pudiendo mantener una relación funcional pero con dificultades que afecta la dinámica del vínculo romántico.
Una vez reconocidas las heridas es preciso aceptarlas para luego integrarlas a través de compasión. No fuiste culpable, eras una niña y no tenías los recursos emocionales para procesar lo que estaba pasando, aplicaste eran estrategias de supervivencia que sólo hacen sentido con el tiempo
Sin embargo, comprender las heridas en la mente es el primer paso, éstas también viven el cuerpo, en el sistema nervioso, en la forma en cómo nos tensamos cuando un hombre bueno se nos acerca. Sanar implica volver al cuerpo, sentir esa incomodidad original en lugar de analizarla y permitir a tu sistema nervioso vivir una nueva experiencia, aproximándose despacio a esa nueva situación desde un lugar de confianza y seguridad. Es un proceso transformador que requiere paciencia y repetición, y que tu vida romántica agradecerá
Recuerda, tus heridas de la infancia no son tu destino, ni un síntoma de que el amor no es para ti, por el contrario, son una invitación hacia un futuro diferente en el plano amoroso ¡mereces un amor bonito y real!
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