Estamos en 2026 y todavía hay hombres – muchos de ellos bastante mayores – que ignoran las mecánicas del deseo y el placer femeninos, y no es de extrañar, pues por mucho tiempo fue considerado algo menor. Crecimos pensando que el sexo era necesidad masculina, imperativo biológico de ellos, y con la vuelta al conservadurismo, desprovisto de ciencia, donde se cuestiona la conducta sexual de las mujeres adultas, estamos presenciando una ola de miedo y de juicio a nuestra cualidad de sujetos deseantes del disfrute en la intimidad.
Ante el desconocimiento está la información, y más importante, la comunicación erótica, para expresar sin miedos lo que queremos en la cama. Aquí te traemos algunos aspectos importantes que tu pareja debe conocer para que tu satisfacción en la intimidad sea total.
El clítoris es la llave del placer
Ese pequeño órgano tiene un nombre que alude a llave, en referencia a una llave en forma de gancho o cerrojo, y no puede ser más atinado porque es la llave para desbloquear nuestro placer, es un órgano anatómico cuya única función es el disfrute sexual. El clítoris es el propulsor del orgasmo, por eso todo clímax femenino implica su participación.
Al igual que los penes, cada clítoris tiene una morfología externa única, pudiendo ser más o menos protuberante, sin embargo, esto no es importante pues es un órgano predominantemente interno, que duplica en terminaciones nerviosas al pene, las cuáles recorren la vagina y la pelvis.
La estimulación manual o el roce simultaneo de clítoris con la penetración es lo que garantiza alcanzar el orgasmo, por eso siempre debe estar presente. Si el clítoris si no es estimulado por él, de forma espontánea, debes pedírselo sin miedo o lo debes estimular tú. Muchos hombres se sorprenden con esta conducta porque todavía creen que nuestro camino al orgasmo es a través de la penetración, cuando sólo un 25% de nosotras llega al orgasmo por esta vía, sólo en posiciones donde hay un roce externo del clítoris, o en su haz nervioso interno, que es la zona llamada el punto G, a tres centímetros de la entrada de la vagina hacia la pared anterior. La estimulación del punto G también puede lograr la tan ansiada eyaculación femenina o squirt, que es la emisión de un líquido transparente tras el orgasmo.
No menos importante. si bien todas tenemos el potencial multiorgásmico es normal que el clítoris quede muy sensible después del orgasmo y que la estimulación directa pueda resultar incómoda, esto se debe a la fase de resolución o periodo refractario. El continuar la estimulación para alcanzar orgasmos encadenados depende de un deseo muy personal.
La lubricación es nuestra erección
La excitación masculina es evidente a través de la erección, el pene se llena de sangre y se pone erecto, mientras que nuestra respuesta sexual, aunque no es tan diferente, es mucho menos visible. Con la excitación sexual la vulva también aumenta su irrigación sanguínea, el clítoris se torna firme, la igual que los labios menores y el canal vaginal se lubrica gracias a la acción de las glándulas de skene y bartolino.
Para que el coito sea satisfactorio para la mujer debe existir la lubricación vaginal, el dolor en la penetración nunca debe ser permitido, aunque se haya normalizado. La cualidad elástica de la vagina puede recibir cualquier tamaño de pene – siempre y cuando no sea macrosómico – estando lubricada, esto es lo que hace placentero el coito.
Esta respuesta de excitación sexual se logra extendiendo el preámbulo, disfrutando de unos preliminares extensos y estimulantes, sin apuros, pletóricos de besos, caricias y palabras – desde las más tiernas hasta las más audaces –, entendiendo que el coito no es el evento principal. Es importante recordar que todo nuestro cuerpo es erógeno, y qué, si bien existen zonas reportadas como más sensibles, como los pechos y el cuello, a través de la comunicación debes guiarlo por tu mapa de placer, que es único para cada uno de nosotras.
Somos más lentas
Las mujeres llegamos al orgasmo tras entre siete y diez minutos de estimulación directa. Que el hombre se corra antes no significa que el encuentro sexual haya terminado, pídele que te estimule y no te quedes con las ganas.
Cuando la comunicación erótica es totalmente abierta, jugar con los tiempos de cada uno forma parte de encuentro y activa mucho la variedad. El hombre llega al orgasmo entre los tres a seis minutos de estimulación. Si él conoce las sensaciones previas a su punto de no retorno eyaculatorio, puede bajar el ritmo, cambiar de posición o estimularte de forma externa para ganar más tiempo.
También se vale que te aplique estimulación manual u oral antes de la penetración para que estés más excitada en ese momento. Recuerda que no pasa nada si sientes que todavía te tardas un poco más, el tiempo de funcionamiento es proporcional al grado de excitación y a veces ésta puede disminuir con un solo pensamiento, pero se recupera al poner atención de nuevo a las sensaciones tu cuerpo.
El ritmo es indispensable
Muchos hombres aplican estimulación más rápida cuando expresamos que estamos a punto del clímax, esto es un error. En la estimulación femenina el ritmo es indispensable para lograr el orgasmo.
Disfrutamos todo el proceso – y no me malinterpretes- desde la estimulación suave hasta la más intensa, pero cuando estamos cerca, un cambio de ritmo nos alejas de ese punto máximo de placer, digamos que es una estimulación que se cuece a fuego lento y jugar con esto, bordeando – en esa práctica llamada edging – da mucho juego y placer.
Nuestro deseo es más complejo (y también más intenso)
El hombre puede activarse con una imagen, para nosotras el deseo se construye, es como un paisaje con muchos elementos. Hay un aspecto de amor, complicidad y seguridad que nos lleva a entregarnos por completo, algo indispensable para el placer. Estudiosos en psicología evolucionista explican esta impronta con la capacidad para gestar, ante un posible embarazo debemos confiar en nuestra pareja, por eso somos más selectivas a la hora de intimar.
La presencia, la comunicación constante, el morbo sano, una autoestima elevada, el amor y la complicidad son elementos que al conjugarse son el alimento de deseo sexual femenino.
De los predictores más importantes de satisfacción sexual esta llegar al orgasmo, nuestro orgasmo nunca debería ser negociable – el tener sexo para complacer o fingirlo hace que generemos aversión – y de la mano está la experiencia emocional, más subjetiva, porque para entregarnos es imperativo sentirnos en confianza y amadas.
El deseo no se va con la menopausia
Si bien después de estar un año sin ver la regla, señal de que ya hemos cesado nuestra capacidad reproductiva, el no producir estrógenos y progesterona si bien puede disminuir el deseo sexual, este no es el factor más determinante para que esto suceda. De hecho, aproximadamente 3 de cada 10 mujeres experimentan todo lo contrarió, mayor deseo sexual al no existir la posibilidad de un embarazo.
Sentirnos incómodas con nuestro cuerpo, recibir presión para tener sexo, síntomas incómodos como los bochornos, el insomnio y la sudoración nocturna, así como la resequedad vaginal son factores más contundentes en la disminución del deseo sexual en la madurez.
Tanto el deseo, como la capacidad para sentir placer se mantienen o lo largo de toda la vida. El hombre que quiere activar el deseo sexual de su pareja en esta etapa debe enamorarla antes de presionarla, mantenerse presente, ayudar en las labores del hogar – esto resulta tremendamente erótico aunque no lo parezca – ir despacio al momento de la intimidad y garantizar que ella se sienta totalmente satisfecha a nivel corporal – el orgasmo, insisto, no es negociable- y conectada a nivel emocional, esto es más potente que cualquier afrodisíaco.
Nuestro placer no es complicado ni misterioso, a través de la comunicación podemos lograr que nuestra pareja conozca aquello que disfrutamos ¡el reto es expresarlo con claridad! Si tú no te cortas y él sabe escuchar, en muy poco tiempo van a lograr que la intimidad fluya y las sensaciones sean espectaculares.
© L’Erotheque. Prohibida la reproducción total o parcial de este reportaje y sus fotografías, aun citando su procedencia.

