Tu Vida Íntima en la Menopausia: Soluciones Reales para Recuperar una Sexualidad Saludable

Descubre la guía a través de los cambios que nadie explica y de las herramientas que realmente funcionan.

Dra. Verónica Lovera

Llevamos años normalizando la conversación sobre la menopausia —y eso es un avance que celebro como profesional y como mujer—, pero sigue existiendo un territorio que permanece en silencio: el de la salud sexual en esta etapa. Cuando mis pacientes entran a la consulta con vergüenza a hablar de sequedad vaginal, de molestias durante las relaciones o de un deseo que ya no reconocen como suyo, me pregunto cuánto nos queda todavía por recorrer.

La realidad es que la menopausia no solo transforma los ovarios. Transforma el cerebro, la piel, el sistema inmune y, sí, también la zona íntima. Y esto no es una tragedia: es fisiología. Entenderlo cambia completamente la forma en que una mujer vive esta etapa.

Lo que ocurre en tu cuerpo: la ciencia detrás del malestar

La caída de estrógenos durante el climaterio tiene un impacto directo y medible sobre la mucosa vaginal. La renovación celular se ralentiza, la producción de colágeno disminuye, la piel se afina y el pH vaginal se altera a medida que los lactobacilos —esas bacterias protectoras tan valiosas— menguan en número. El resultado es lo que en medicina denominamos síndrome genitourinario de la menopausia: sequedad, escozor, mayor susceptibilidad a infecciones como la cistitis o la candidiasis, y en muchos casos, dispareunia, es decir, dolor durante las relaciones sexuales.

Lo que me resulta sorprendente —y a la vez comprensible, dado el silencio que históricamente ha rodeado estos temas— es que la mayoría de las mujeres llegan a la consulta pensando que ese malestar es inevitable o, peor aún, que deben simplemente tolerarlo. No deben. Existen estrategias eficaces para cada una de estas manifestaciones, y el primer paso es nombrarlas sin eufemismos.

El gran error: creer que el deseo desaparece

Uno de los mitos más dañinos que circulan sobre la menopausia es que la sexualidad se extingue con ella. No es así. Lo que cambia es el modo de vivirla, y esa diferencia lo es todo. Lo que propongo a mis pacientes es construir una sexualidad diferente, más consciente, más comunicada, menos centrada en la penetración como destino y más atenta al placer como proceso. Eso implica, entre otras cosas, hablar con la pareja, explorar otros tiempos y estímulos, y comprender que el deseo en esta etapa necesita con frecuencia más cultivo, más presencia.

También implica, seré directa, educar a las parejas masculinas. Muchos hombres no están acostumbrados a los preliminares prolongados ni a una sexualidad que no gira en torno a la penetración. Es un aprendizaje conjunto que puede ser, si se aborda bien, verdaderamente enriquecedor para ambos.

Cuidado íntimo diario: más salud, menos cosmética

Cuando hablo con mis pacientes de hidratación vulvovaginal, algunas me miran con extrañeza: ¿igual que hidratamos la cara? Exactamente igual. La mucosa vaginal, como cualquier otro tejido, necesita agua, lípidos y protección. La diferencia es que aquí, además, hay un ecosistema microbiano que debemos preservar.

Mi recomendación clínica para la hidratación diaria es usar productos formulados específicamente para esta etapa, con pH fisiológico, libres de perfumes y de componentes potencialmente irritantes. La aplicación nocturna, en concreto, permite que los principios activos actúen sin interferencias y favorece la regeneración del tejido durante el sueño.

 

Sérum íntimo de acción hidratante inmediata formulado con doble ácido hialurónico, diseñado para aliviar la sequedad y las molestias asociadas a la menopausia. Incorpora vitaminas B3 y B5 y un exopolisacárido que refuerzan la barrera cutánea y estimulan la hidratación natural. De textura ligera, no grasa y con pH respetuoso con la flora íntima, ofrece confort desde el primer uso y hasta 24 horas.

 

En cuanto a la higiene íntima, mi consejo es el mismo que llevo años dando: menos es más. Agua templada y, si se desea usar un gel, que sea de fórmula mínima, con agentes limpiadores suaves y respetuosos con el pH. El exceso de productos en una zona ya de por sí sensible es uno de los principales factores que perpetúan las infecciones y la irritación.

 

Gel de higiene íntima diaria formulado para la limpieza suave de la zona vulvar, con pH 4,5 que respeta el equilibrio natural. Incorpora ácido láctico para proteger la microbiota y favorecer el bienestar íntimo sin alterar la flora. Limpia eficazmente sin resecar ni provocar molestias, ayudando a mantener el confort diario. Apto para mujeres de todas las edades, incluidas etapas de mayor sensibilidad como la menopausia.

 

La ropa interior también entra en esta ecuación. Tejidos naturales y transpirables —algodón, bambú, seda— minimizan la fricción, reducen la humedad y evitan irritaciones que con una piel más fina se vuelven especialmente molestas.

Nutrir desde dentro: el papel del Omega 7 y otros aliados

La salud de las mucosas empieza mucho antes de llegar a la zona íntima: empieza en lo que comemos y en los nutrientes que ponemos a disposición de nuestras células. En los últimos años, uno de los complementos que más interés ha generado en la comunidad científica es el Omega 7, un ácido graso monoinsaturado presente en el aceite de espino amarillo con una capacidad documentada para hidratar las mucosas desde el interior, incluida la vaginal.

A través de la dieta resulta prácticamente imposible obtener cantidades terapéuticas de Omega 7 —las nueces de macadamia son una de las pocas fuentes relevantes—, por lo que la suplementación es, en esta etapa, una herramienta de primer orden. Lo combino habitualmente con la recomendación de grasas de calidad en la alimentación diaria (aceite de oliva virgen extra, aguacate, pescado azul), una ingesta proteica suficiente para favorecer la regeneración tisular, y el cuidado de la microbiota intestinal con lactobacilos específicos, que tienen un efecto protector también sobre el pH vaginal.

 

Complemento alimenticio a base de espino amarillo, conocido por su papel en el mantenimiento de la piel y el correcto funcionamiento de las mucosas, especialmente en casos de sequedad o inflamación. Enriquecido con vitamina E, que ayuda a proteger las células frente al daño oxidativo. Se recomienda tomar dos cápsulas al día con agua como apoyo nutricional en el cuidado de la piel desde el interior. Debe integrarse siempre dentro de una dieta equilibrada y un estilo de vida saludable.

 

Infecciones recurrentes: prevenir mejor que tratar

Para las mujeres que padecen infecciones urinarias o vaginales de forma repetida —una situación muy frecuente en la menopausia—, la prevención es siempre mi primera línea de acción. El uso continuado de antibióticos destruye la microbiota, que es precisamente el escudo natural que protege frente a esas infecciones, creando un círculo vicioso del que es difícil salir.

Existen suplementos con evidencia clínica para la prevención de cistitis recurrente y candidiasis, que reducen significativamente la frecuencia de episodios y permiten romper esa dependencia antibiótica. Si te reconoces en este patrón, habla con tu ginecóloga o con una especialista en menopausia: hay alternativas que funcionan.

 

Complemento probiótico de alta potencia con 30 cepas bacterianas, que combina lactobacilos, bifidobacterias y otros fermentos para apoyar el equilibrio de la microbiota intestinal. Aporta 264 mil millones de UFC por dosis diaria, con cápsulas gastrorresistentes que garantizan su liberación prolongada en el intestino. Enriquecido con zinc, vitamina D3 e inulina, contribuye al metabolismo normal y al soporte digestivo. Diseñado como tratamiento mensual, se toma de dos a cuatro cápsulas al día antes de las comidas.

 

Pide ayuda. El placer no tiene fecha de caducidad

No todas las mujeres necesitan lo mismo. Hay síntomas que se pueden manejar con cambios de hábitos y productos específicos; otros requieren valoración médica y, en ocasiones, tratamiento hormonal local o sistémico. Lo que no es aceptable es que una mujer normalice el dolor, la sequedad intensa o la pérdida de bienestar sexual como una consecuencia inevitable de su edad.

Mi mensaje final, tanto en la consulta como aquí, es siempre el mismo: pierde el miedo a hablar de esto. Con tu pareja, con tu médica, con otras mujeres. Hablar de salud sexual en la menopausia no es un acto de valentía; es un acto de autocuidado. Y también un recordatorio de que el placer, la intimidad y el bienestar no tienen fecha de caducidad.

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Dra. Verónica Lovera
Por Dra. Verónica Lovera

Doctora en medicina, con interés en las áreas de cirugía y ginecología.  Actualmente compatibiliza su trabajo en el hospital y con el de redactora médica profesional.