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Tener un Amante para Volver a Sentirte Deseada

No hablamos de infidelidad como titular de escándalo, sino de un síntoma: el de tantas mujeres que, en algún punto de sus vidas, dejaron de sentirse deseadas y decidieron hacer algo al respecto.

Marta Hernández

Hay una edad —o más bien un estado, porque no siempre coincide con el número de años— en la que muchas mujeres descubren que han desaparecido de su propio relato. No de la vida de los demás, que las sigue reclamando en su papel de madres, esposas, profesionales o cuidadoras, sino de la mirada. De esa mirada que confirma, sin palabras, que una sigue siendo un cuerpo deseable, una persona capaz de provocar algo más que gratitud o costumbre.

Es en ese territorio, incómodo y poco discutido en las sobremesas familiares, donde aparece una decisión que sigue incomodando mucho más cuando la toma una mujer que cuando la toma un hombre: la de buscar un amante. No por amor, no necesariamente por insatisfacción total con la pareja, sino por una razón más simple y más difícil de confesar: por el deseo de volver a sentirse deseada.

El deseo no caduca, aunque nos hayan dicho que sí

Durante generaciones se nos enseñó que el deseo femenino tenía fecha de vencimiento, ligada a la juventud, a la maternidad reciente o a un ideal de feminidad que exigía renunciar a las propias necesidades en favor de las ajenas. La mujer que envejece, que cría, que sostiene una casa o una carrera, aprendió a poner su propio cuerpo en último lugar de la lista. Y cuando por fin hay tiempo para atenderlo, muchas descubren que el deseo del otro —el que las miraba, las buscaba, las nombraba deseables— se ha apagado, o se ha vuelto rutinario, silencioso, casi administrativo.

No se trata, casi nunca, de matrimonios rotos ni de amores agotados. Se trata, muchas veces, de vínculos sólidos, largos, cariñosos, donde el deseo simplemente se transformó en otra cosa: en compañerismo, en logística compartida, en ternura sin chispa. Y ahí es donde algunas mujeres se hacen una pregunta incómoda: ¿tengo que resignarme a no volver a sentir eso, o tengo derecho a buscarlo?

La menopausia puede ser una etapa de erotismo renovado. Foto: Shutterstock
El deseo femenino no caduca. Foto: Shutterstock

Una decisión, no una huida

Conviene no romantizar ni condenar en bloque. Tener un amante no es, para la mayoría de estas mujeres, un acto de venganza ni una solución mágica. Es, más bien, una manera de recuperar terreno propio: el de una sexualidad que les pertenece, el de una identidad que no depende exclusivamente de ser útiles o queridas por los demás. Hay quienes lo hacen para sostener, paradójicamente, un matrimonio que valoran; otras, para reunir el valor de terminarlo; y otras, simplemente, para comprobar que siguen ahí, enteras, deseables, vivas.

Lo interesante —y lo que rara vez se dice en voz alta— es que esta búsqueda casi nunca es solo sexual. Es, sobre todo, una búsqueda de mirada. De esa atención que hace que una mujer vuelva a arreglarse frente al espejo no para otros, sino para sí misma, redescubriendo un cuerpo que había dejado de mirar con curiosidad y placer propio.

El doble rasero que seguimos arrastrando

Cuesta escribir sobre esto sin toparse con el peso del juicio moral que la sociedad reserva, casi en exclusiva, para las mujeres. Un hombre que busca una amante suele despertar comprensión, casi complicidad: “necesitaba sentirse joven otra vez”, se dice, con una sonrisa cómplice. Una mujer que hace lo mismo carga con etiquetas mucho más duras: egoísta, irresponsable, mala madre, mala esposa. El mismo gesto, leído con reglas distintas según quién lo protagonice.

Ese doble rasero no es un detalle menor: es el reflejo de una cultura que todavía entiende el deseo femenino como algo que debe estar al servicio de otros —la pareja, los hijos, la familia— y rara vez como un derecho legítimo, propio, que no necesita justificación externa.

No es una receta, es una pregunta

Nada de esto pretende ser una apología ni una recomendación universal. Cada pareja, cada historia, cada mujer, tiene sus propios acuerdos, límites y consecuencias, y no todas las decisiones tomadas desde el vacío afectivo son sabias ni están libres de dolor, tanto propio como ajeno. Buscar fuera lo que no se encuentra dentro tiene un precio, y conviene mirarlo de frente antes de pagarlo.

Pero sí merece la pena, al menos, dejar de mirar con automática condena a las mujeres que se hacen esta pregunta. Porque detrás de la palabra “amante” hay, muchas veces, algo mucho más profundo que un cuerpo nuevo: hay una mujer que se cansó de esperar a que alguien más la volviera a ver, y decidió, por fin, volver a verse ella misma.

Este texto es una reflexión de opinión y no sustituye el acompañamiento de un profesional de la psicología o la terapia de pareja para quienes atraviesen crisis afectivas.

© L’Erotheque. Prohibida la reproducción total o parcial de este reportaje y sus fotografías, aun citando su procedencia.

Marta Hernández
Por Marta Hernández

Periodista y consultora de comunicación y RRPP. Gerente de la empresa ComuninicAcciò.